A FUSI LE DUELE LA BARRIGUITA
A FUSI LE DUELE LA BARRIGUITA

Desde que nos levantamos los niños y yo para preparar el desayuno, media hora antes de lo normal, para que dieran las vueltas y peleas de costumbre mientras se espabilaban del todo, y preparar con la” alegría” de siempre el material del colegio, Fusy no hacia más que maullar a nuestro rededor y restregarse en las piernas de de su ama, Leti creyendo que tenía hambre, también le tocaba el desayuno, la tomó en brazos, le puso la comida en su bol y la gatita seguía maullando y como un niño pequeño solo quería brazos, se la cogí con cuidado y noté que tenía la barriguita hinchada, los niños ya habían terminado y se marcharon intranquilos al colegio.
- Venga al cole , un besito y no preocuparos, para cuando vengáis ya estará bien, llevaré a Fusy al veterinario.
Cuando los niños se marcharon, cogí el abrigo, el cesto de la gata y la llevé al veterinario, la reconoció y me dijo:
-Solo es una gastroenteritis, téngala a dieta 24 horas y déle estas píldoras una cada 8 horas.
-Perdone ¿como se las doy?.
-¿Nunca le ha dado una píldora a un gato?. Tome estas instrucciones y sígalas a rajatabla.
Cuando llegué a casa, leí las instrucciones y me preparé.
Tomé a Fusi y la puse bajo el brazo izquierdo con mucho mimo, como si fuera un bebé. Con los dedos pulgar e índice de la mano izquierda presioné con cuidado las mandíbulas para abrirle la boca, sosteniendo la píldora con la mano derecha. Cuando abrió involuntariamente la boca, le arrojé la píldora dentro, cerrándole la boca para que la tragase.
Cogí la píldora del suelo y a la gatita de debajo del sofá. Volví a repetir el proceso. Esta vez la traje del dormitorio y tiré la píldora llena de babas a la basura.
Saqué una nueva píldora, cogí la gata la puse bajo el brazo izquierdo la acuné y procuré sujetarle las patas traseras con fuerza y con la píldora n la derecha le metí la píldora e intenté que la píldora estuviera dentro por lo menos hasta que contara hasta 10. La píldora cayó en la pecera y la gata la
bajé de encima de los armarios de la cocina.
Cogí una nueva píldora, me arrodillé en el suelo, puse a la gata entre mis rodillas, apretando fuertemente las patas delanteras y traseras y olvidándome de los gruñidos y fus le pedí al jardinero, al que tuve que recurrir, que le abriera la boca y le pusiera una regla y le tirara la píldora dentro dándole un pequeño masaje en la garganta.
Capturé a la gatita linda cuando iba a meterse en la olla exprés. Extraje otra cápsula de la caja mientras recordaba que tenía que comprar otra regla, reparar las cortinas y recoger los trozos de las figuras de porcelana para pegarlos.
Envolví a micifú en una toalla grande, con solo la cabeza visible y le pedí al jardinero que la mantuviera estirada. Le puse un lápiz en la boca y la píldora en una pajita de gaseosa, le introduje la paja con la píldora en la boca y el otro extremo en la mía y soplé.
Solté a satanás y fui a leer los efectos nocivos en los humanos, cogí un baso de agua para quitarme el mal sabor de boca y recuperar el sentido del gusto. Traje el botiquín y aplique apósitos en los brazos y cara del jardinero y limpié la sangre de la alfombra y tresillo con agua fría y jabón.
Bajé a la señorita del tejado del vecino. Tomé otra píldora, metí a la “pobre gatita” en el armario cerrando la puerta sobre su cuello, dejando solo la cabeza de la “linda gatita” fuera del mismo. Le abrí la boca a la fuerza con una cucharilla y con un tirachinas le arrojé dentro la píldora.
Fui al garaje a por la caja de herramientas, con un destornillador coloqué la puerta del armario en sus bisagras, colgué la lámpara del techo y llamé al cristalero para reponer el espejo del armario. Me apliqué compresas frías en las mejillas, y verifiqué cuando fue la última dosis de vacuna antitetánica.
Cuando llegaron los niños del colegio, yo descansaba en la cama y Fusi estaba tan plácidamente dormida enroscada en mis pies como si no hubiera pasado nada.

Turulato dijo
De lo mejor que he leido...
Yo suelo actuar de otra forma; comparto con mi elefante las botellas de ron, pero no sé como acaba el cuento, ya que me emborracho antes.
26 Abril 2006 | 11:07 AM