ALUMNA EN UNA ESCUELA DE PUEBLO (siglo XX)
ALUMNA EN UNA ESCUELA DE PUEBLO (Sigloxx)
Durante las vacaciones de Semana Santa fui a conocer un pueblo de Almería, visitar el museo Histórico Municipal y aprovechar la oportunidad de poder degustar su exquisita comida típica
El Museo se halla ubicado en una casa antigua y señorial en el centro del pueblo y consta de dos plantas divididas en salas. En la planta baja todo era recuerdos de la vida del campo, aperos de labranza, agüeras, la fragua, apicultura etc, objetos que evocaban lo que había disfrutado del campo en mi niñez.
Subimos a la segunda planta y me perdí del resto de los acompañantes, me perdí a conciencia, en una habitación habían reproducido una escuela, exactamente igual a la escuela que yo asistí. Allí me quedé reviviendo mi infancia de colegiala: los bancos iguales, las pizarras con sus pizarrines atados con una cuerda, los tinteros, cartillas ,enciclopedias, mapas, una pequeña estufa de hierro con carbón propiedad del maestro, los alumnos no teníamos …
El recuerdo de mis primeros años en la escuela son confusos, era demasiado pequeña para tener una idea clara de lo que allí ocurría. Párvulos, ¿era aquello escuela de párvulos? O ¿escuela de párvulos- primer grado o todos los grados reunidos en uno?,¿existían los párvulos?. ni me lo planteaba. Ahora, después de unos cuantos años y como diría el sastre, a retazos, me vienen a la memoria imágenes en un principio sin ilación, y poco a poco esos recuerdos, van tomando forma a medida que me llega información del exterior a través de relatos, fotografías, museos, películas… …
No tendría más de 5 añitos, un auténtico personaje, cuando mis padres, los farmacéuticos del pueblo y amigos del maestro y contertulios de la rebotica, me llevaron a un cuchitril que con indulgencia se podía llamar escuela, un lugar que me trae recuerdos tan oscuros como si el sol hubiera estado escondido y el cielo permanentemente cubierto de nubes, quizás se debiera ese recuerdo a la escasez de claridad de la habitación-colegio, con un solo ventanuco de mala muerte por donde apenas entraba la luz natural y mucho menos la artificial, que como un duende miedoso aparecía por el pueblo al oscurecer alumbrando apenas las puertas de las casas, en cuyo interior sus moradores tenían de apoyo candiles de aceite o quinqués que les alumbraban sus quehaceres. Y oscuridad por la figura del personaje que de pie, en el centro del
cuartucho ponía orden entre los niños que iban ocupando su lugar en raídos pupitres con bancos duros de roble astillado, sin olvidar al entrar el saludo oficial al maestro y compañeros:”Ave María Purísima”, y los compañeros aprendieron a contestar”Sin pecado concebida”. Comenzaba la clase pasando lista: Menganito, y el tal contestaba puesto en pie ¡presente! O ¡Arriba España!, leíamos, hacíamos caligrafía, cantábamos, recitábamos poesías, hacíamos teatricos,y de vez en cuando un reglacito, no importaba donde, por si te movías de tu sitio.
Cierro los ojos y veo al maestro Alpargatero, personaje enjuto, tipo Don Quijote de la Mancha, con la regla en la mano izquierda dándose palmaditas suaves pero amenazadoras en la mano derecha, sin dejar de observar con un ojo a los mayores y con el otro a los medianos y algo que no lo he llegaba a comprender ni entendía es como podía controlar a los pequeñajos.
Contiguo a la clase se encontraba el cuarto de las ratas, gigantes y cabezudos (sala de tortura de la Inquisición estudiantil); recuerdo que más de una vez llevó a un niño cogido por la oreja y lo encerraba en ese cuarto, el niño gritaba porque quería salir, tenia miedo, algunos hasta lloraba por otros sitios. Yo no fui nunca allí y procuraba pasar lo más rápido que mis pequeñas piernas daban de si, aunque algún que otro gracioso de los mayores, estaban empeñados en que entrara.
Cuando llegaron las Navidades el maestro Alpargatero nos dio un diploma a cada alumno, diploma que aun que aun guardo, según el ponía “concedido a Fulanita de Tal por comerse la gurupina sin rechistar”, como no sabía leer me lo creí y en realidad ponía por su aprovechamiento, ¡!si, si¡¡ la pizarra llena de monigotes, y siempre pidiendo permiso “ pa mear” en el corral, porque retretes no había, pero ranas, renacuajos, nidos vacíos, culebrillas de agua, abejorros, grillos… … cajas enteras. Volvíamos a la clase, si aun estaban, con nuestro material biológico, después de ir al retrete comunitario y compartido con los animales del corral
NINA
(Continuará)

unjubilado dijo
Hola Nina ¡¡que recuerdos y añoranzas traen a mi mente tu post y las imágenes que has puesto!! Por cierto yo tenía un par de fotos muy parecidas a la que has puesto en el centro del post, pero no tengo la menor idea de donde pueden estar o si las he perdido.
Yo estudié por esa época en Zaragoza, pero estuve unos días en el pueblo de mi padre por un entierro y me mandaron a la escuela, no recuerdo casi nada exceptuando que el maestro nos hacía esperar a que fuéramos tres o cuatro para poder salir a mear al campo.
Y también que los otros niños me miraban como bicho raro y el maestro no hacía más que preguntarme cosas para ver si las sabía. Espero con impaciencia la continuación del relato.
Muchos y jóvenes besitos.
21 Abril 2006 | 07:41 AM