La Coctelera

¡OH! FELICIDAD

El orgullo de los pequeños consiste en hablar siempre de si mismos, el de los grandes en nunca hablar de si.Voltaire Un diplomático es un hombre muy"honrado" que tiene el arte de mentir y convencer a los demás para que hagan con gusto lo que uno desea

4 Abril 2006

EL CUADRO DE LA CHANFAINA

LEYENDAS DE GRANADA

Por José Giménez-Serrano

Allá por el mes de marzo de 1660 caminaban una mañana, un clérigo y un rapazuelo jadeante por el peso de un colosal cuadro, por el carril que conduce al monasterio de la Cartuja granadina.
Este personaje, alto, enjuto, de rostro aguileño y fiera mirada, con un ropaje cuyo color mediaba entre color aceituna de agua y ala de moscarda; parecía un soldado en el porte, elegante andar y una hechura de hombre de actos heroicos. Este conjunto tan extraño, se comprenderá en el momento que se diga el nombre del clérigo, no es otro que Alonso Cano, pintor y escultor famoso dentro y fuera de nuestra patria.
Alonso animaba al rapazuelo que aligerara el paso para llegar al monasterio antes de que el P. Gerónimo probara bocado, porque se ponía intratable al llegar a los postres.
Apretó el aprendiz el paso y llegaron amo y mozo a la portería, donde fueron recibidos por un barbudo donado. Atravesaron el atrio poblado de cipreses y madreselvas, dejando a un lado la iglesia inacabada, penetraron en el claustrillo gótico labrado por los primitivos fundadores. Un monje con rostro demacrado por la abstinencia y el ascetismo más severos, los recibió y cogiéndole la mano Alonso, díjole con acento conmovido:
-Bien purgáis, capitán vuestras locuras.
-Morir tenemos-contestó herido por el recuerdo de sus pasadas aventuras.
-Si y encomendadme a Dios que gratas le serán las oraciones de tan arrepentido corazón.
Abrióse la puerta de la celda del P. Gerónimo: marchóse el arrepentido capitán. Alonso Cano penetró en la habitación, y colocó el cuadro a buena luz, descorrió el lienzo que lo cubría, y sin más preámbulos, dijo al reverendo:
-Veamos que le parece a vuesa merced.
El P: Gerónimo , administraba los bienes de la comunidad y tenía derecho a salir a la ciudad , y a hablar con todos, por el trato o por otras razones, había engordado de tal forma, que más parecía flamenco bebedor que ascético eremita.
_Bien señor racionero, dejadme poner las anteojeras – dijo el padre. Y sacó de una caja de plata, y de ella unos anteojos dorados, que más parecían cedazos de tahona. Se los colocó sobre las abultadas narices y soltando un gruñido, se puso a contemplar el cuadro.
La pintura representaba el misterio de la Trinidad. Nuestro cartujo, miró y remiró el cuadro, y refunfuñando se dirigió a Alonso:
- Bien, phs, bien. Algunos fallos tiene, por ejemplo el Espíritu Santo lo hubiera pintado mayor.
- Si a vuesa merced le gustan grandes las palomas, y sobre todo para la mesa –dijo Cano con aire sarcástico
- Oh, si las aves todas deben ser cebadas.
- ¿Os acomoda?. Porque jamás retoco mis obras. – repuso el pintor.
- No se irrite vuesa merced. ¿Y cuanto vale su cuadro?.
- Dos mil pesos, y diez ducados que daréis de propina a mi aprendiz.
- Dos mil pesos ¡Voto va…! – y se mordió los labios – y con diez ducados de coleta; pues no cuesta tanto mantener un mes a la comunidad incluidos los jueves que viene el Arzobispo.
- Dígoos, P. Gerónimo – contestó colérico el bilioso pintor - que soy el mayor de los mentecatos cuando sufro que taséis mis obras como si fueran jamones alpujarreños. Juro que si no estuvierais ordenado, pagaríais cara tal demasía. Encubre, Juan, la pintura, pintura y vamos a casa, que no es digno de ella, quien tan mal comprende.
- Sosiéguese el señor racionero, que le daré hasta mil y quinientos pesos, y un ducado para el porteador con tal que no se vaya usarced descontento: pues algo ha de quedar para el pintor del convento, más que os pese, le dará un toquecito rojo a esas nubes.
Al oír tal sacrilegio artístico, se revolvió Alonso Cano como un león hacia el cartujo, más contúvose y contentose con una tremenda mirada hacía aquella mole de carne, que se embebió en el sillón, con la misma nitidez que si hubiese sentido venir sobre su pecho dos furiosas puñaladas.
La dulzura con que le habló el fraile guardián que allí casual se hallaba, calmó los ánimos, y repúsole con cariño:
- Perdonad, reverendísimo; pero hay cosas que más debieran ser asunto de espadas que de lengua – y le dio la espalda al otro monje con ánimo de marchar.
- Dejadme que acabe de contemplarle; no todos pensamos como el P: Gerónimo: cada nubecilla, cada figura, cada pincelada es un tesoro de bellezas – dijo el fraile modesto de san Diego.
Alonso Cano observó el cuadro con complacencia ante el punto de vista tan acertado del guardián.
- Oh, si – exclamaba entusiasmado el fraile en cada figura o detalle imaginario, analizando exageradamente la nota y poniendo toda el énfasis que podía hablando del cuadro. ¡Quisiera ser rico como un emperador romano para vaciar mis tesoros en vuestras arcas ¡ El pintor estaba extasiado y enaltecido de escuchar al fraile alabar su labor pictórica, reflexionando , dijo con jocosa solemnidad:
- También podéis darme, padre reverendísimo, algo que aprecio más que el dinero, y seréis dueño del cuadro para el altar de S Diego.
_ Decidme, economía no tenemos los que vivimos de pública caridad, y compartimos el pan con los mendigos; dijo humildemente el fraile.
- ¿Pero al menos, no podríais darme un plato de chanfainas para comer hoy?
- Si señor racionero, que no es viernes, y para todo el convento se guisa.
- Pues tomad el cuadro, vuestro es, y acompañadme a la mesa que allí cobraré el precio del cuadro.
El P. Gerónimo turbado por los elogios del fraile se le despertó la codicia y le ofreció a Cano los dos mil pesos, a lo que Alonso contestó:
-Guardarlos enhorabuena para engordar a la comunidad, si es tan poco ascética como vuestra paternidad, y callo… Vamos padre guardián. Juan, hijo, vete a casa y vende este dibujo para el gasto de hoy, que yo comeré
con los frailes de San Diego. Cogió una pluma y trazó la más picante caricatura que pueda verse del buen P.Gerónimo.
Quince días después el famosísimo cuadro de la Trinidad estaba colgado en el altar mayor de la capilla de la Cartuja.
De boca en boca corría la historia de la generosidad del racionero Alonso Cano. Desde entonces el cuadro se llama de la chanfaina.

Adaptación: Nina

Nota del autor: El cuadro fue robado del Museo Provincial, se desconoce su paradero.

servido por nina 12 comentarios compártelo

12 comentarios · Escribe aquí tu comentario

Leodegundia

Leodegundia dijo

Me alegra ver que actualizaste y además con un relato muy interesante. No había oido nada de ese cuadro y su historia.
Un abrazo

4 Abril 2006 | 04:34 PM

unjubilado

unjubilado dijo

Me ocurre lo mismo que a Leodegundia no había oido hablar del cuadro de La Trinidad y por supuesto mucho menos refiriéndose al Cuadro de la Chanfaina; esto último me suena a una especie de morcilla Sudamericana.
Lo que no pueda hacer el orgullo y las ganas de comer cuando se está hambriento, no lo consigue nadie.
Al final el pobre aprendiz diría aquello de "comer no comeré... pero estoy pasando un hambre..."
Esto me trae el recuerdo de los grandes pintores y escultores que la mayoría las pasaron "canutas" para poder seguir mal viviendo.
Besitos.

4 Abril 2006 | 06:39 PM

julio

julio dijo

Muy interesante la historia. Desde luego, hay que ver lo mal que lo pasaban, en general, en aquellos tiempos los artistas
Un abrazo

4 Abril 2006 | 09:43 PM

caboblanco

caboblanco dijo

Pues sí. Definitivamente una inquietud artístisca no ha servido nunca para dar de comer al interesado... si acaso a sus herederos. En cuanto a la historia, hermosa, no la conocía. Y en cuanto al robo del cuadro, en este país se han robado obras de arte a discrección. Los mejores pintores y los mejores ladrones...

5 Abril 2006 | 12:03 AM

nina

nina dijo

Leo, Un Jubilado, Julio y Caboblanco: no creo que os importeque os conteste a los cuatro a la vez por la coincidencia, muy lógica, del desconocimiento de la obra en cuestión.La leyenda lleva consisgo una parte de verdad y otra de trasmisión popular y eso le ocurre al cuadro de la Trinidad o de la chanfaina, era y es una obra maravillosa. Digo era, porque fue robada del Museo Prvincial durante un baile de máscaras, y hoy luce, con baldón de España, en cualquier museo extranjero. Haciendo indagaciones he conseguido enterarme, que el original se encuentra en la Catedral de Granada, en una capillita de la nave central, entrando a la derecha. Se dudaba en un principio que fuese la Trinidad de Alonso, pero realizadas las pruebas pertinentes coinciden con su estilo y técnicas.
La descripción, estilo , época...... queda para otra vez, o para alguien, que le pediría humildemente,hiciera el comentario del cuadro. Ahí queda, Turulato.
Pocos eran los artísta que en vida disfrutaran de una holgada situación económica
En cuanto al robo de obras de arte, el expolio de Nopleón tan descarado salió de Españacon la cabeza baja.
La chanfaina es un guisado que se hace en andalucia y también en Extremadura. Existe una gran variedad de recetas , pero lo básico para confeccionarlas es la carne de cabra o de cordero ,utilizando las partes del animal menos apreciadas como el bofe, higado, riñones, etc
Uff casi escribo un libro. Besos Nina

5 Abril 2006 | 05:27 PM

Merche

Merche dijo

Hola, Nina, es la primera vez que entro en tu blog pero no será la última. Siempre me ha gustado que me cuenten cosas interesantes y, a primera vista, creo que aquí las hay :)

Sigo echando un vistazo, encantada y un saludo.

6 Abril 2006 | 07:47 PM

melytta

melytta dijo

Tampoco conocía el cuadro, su historia, ni los condimentos del guiso.

A tu lado se aprende mucho, ya te lo he dicho.

La próxima vez que vaya a la Catedral buscaré el cuadro y me acordaré de su historia. :-)

Espero verte muy pronto.

Bicos ;-)

7 Abril 2006 | 12:14 AM

nina

nina dijo

Merche gracias por visitarme , son leyendas que circulan por Granada, tu casa y está esperando que la visites, pero ¡ojo! si vienes es posible que no quieras irte Saludos Nina.
Melytta me comentó un experto en arte que se encuentra en la segunda o tercera capilla de la catedral.
Ven cuando quieras. Bicos Nina

7 Abril 2006 | 10:54 PM

unamaruja

unamaruja dijo

Nina, precioso el cuadro, preciosa la historia, preciosa tú.
Nos vemos ya mismo.
Un abrazo.

7 Abril 2006 | 11:32 PM

nina

nina dijo

Cuando quieras, aqui te espero pa que me cuentes muuuuuuuuuuuuuuuuuuuuunchas cosas, requeteguapa. Un besazo Nina

16 Abril 2006 | 11:45 AM

Turulato

Turulato dijo

¡Me he vuelto turulato y ní aun así!.
Las referencias a "La Trinidad" son inexistentes, excepción hecha de la anécdota que relatas.
Sólo he encontrado una copia, pero de tan pequeño tamaño que no me permite decir nada concreto.
Desde que publicaste el artículo he intentado trabajar con una imagen suficiente y algo de información sobre la obra, pero nada.
En internet, la segunda entrada es la de una página llamada "La coctelera"...
Lo siento.
Sólo una cosa. La postura del cuerpo de Cristo es sorprendente, así como de una dificultad técnica extraordinaria para plasmarla, y la acción de Dios Padre.. De una humanidad.. Altera el ánimo.
Hay un detalle curioso. Compone mediante tres planos en profundidad y tres registros en altura, en jerarquía..
¿Un guiño del Racionero?.

25 Abril 2006 | 12:19 AM

nina

nina dijo

Muchisimas gracias por el detalle de perder tu precioso tiempo con una aficcionada y enamorada del arte y gracias por la rosa roja símbolo del amor y la amistad, la cortaré y la guardaré en la Leyenda del Cuadro de la Chanfaina.
Si pudiera y quiero hacerlo,bajaré a la catedral e indagaré. Me han dicho el lugar donde se encuntra el original que apareció despues de ser robado el "original". Te tendré al corriente.Si señor me encantan los guiños ppícaros del racionero Nina

25 Abril 2006 | 07:28 AM

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